Malotas

Veronica Lake / Kim Bassinger (como Veronica Lake)

“Me gustan las mujeres rubias, duras, suaves y llenas de pecados” (Raymond Chandler). Hoy voy a dar un giro de 180 grados tras mi post de ayer, que ciertamente tenía un cierto tufo homofilo (pensarán las mentes adviesas que me espían desde la oscuridad), así que hoy todo será glamour, melenas largas, piernas infinitas y lenguas viperinas, y un emocionadísimo canto a la feminidad en el cine, pero la que cuenta con un punto macarra y puñetero, porque sí, lo reconozco, me gustan malotas, aunque en esa guerra siempre termino perdiendo yo, que soy en el fondo más sensible que el culito de mimosín. Miremos atrás pues, porque en esta cuestión, cualquier tiempo pasado fue infinitamente mejor.

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Almas de metal

Metrópolis (1927)

El anhelo más antiguo del hombre ha sido el de emular a su propio creador, de convertirse a su vez en una deidad. Ya en la mitología griega clásica, el personaje de PROMETEO, el titán que robó a los dioses el fuego para los hombres, y que en algunas versiones fue él mismo el creador de la humanidad, inspirando a muchísimos creadores posteriores para referirse a la osadía del hombre de hacer o poseer las cosas divinas, entre ellas el poder de crear vida como un Dios (al margen del proceso natural de la reproducción).

Castigado por su pecado, Prometeo fue encadenado por los dioses a una piedra y condenado eternamente a la tortura de que un águila le devoraba el hígado, que le volvía a crecer y ser devorado de nuevo en un círculo sin fin.

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El sonido del dolor

Dicen que la sensación de dolor es una sensación sorda, sin sonido alguno, es un estremecimiento físico o psicológico que, en el mejor de los casos, te recorre una parte del cuerpo (una pierna, un brazo, el pecho, el cuello, etc), y en el peor de ellos es algo más intangible, que no puedes identificar con algo físico, que remueve los cimientos de tu vida, que te hace llorar lágrimas invisibles de sangre, que cuestiona en un momento lo que eres, lo que has vivido, o los objetivos por los que te levantas todas las mañanas. Y muy en los peores casos ese dolor intangible, ancla tu vida a una cama, ciega todas las ventanas de tu existencia, y te sumerge en un pozo insondable. Creo que todos sabemos de lo que hablo.

Pero ¿hay alguien que pueda poner sonido a ese dolor más insoportable? Creo sinceramente que una persona muy singular en el otro extremo del mundo lo ha conseguido, y también creo que no nos hemos ni enterado, el ruido ensordecedor de nuestra intrascendente vida diaria, ha acallado ese sonido tan especial. Aquí no encontraremos Dolor y Gloria (de nuestra reinona patria muy pagada de sí misma), aquí encontraremos DOLOR, SOLEDAD Y MUERTE, compañeras que, inevitablemente, a todos nos acompañaran en algún momento de nuestras frágiles vidas…

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Cinema vida

Léaud, Bisset y Truffaut en la “Noche Americana”

Alguien mucho más sabio que yo me dijo una vez “si te gusta el cine, nunca hagas cine”. Y cuando hice cine lo entendí. Sí, hicimos un cortometraje semi profesional, con una gente que se dedicaba al cine, en una universidad de verano en Alicante (a lo mejor da para un post, aunque ya ha salido algo en Los Paraísos Perdidos). La clave es que cuando lo haces desde dentro se pierde toda la magia, se ven todas las costuras, es una obra de artesano, con trabajo, esfuerzo, malas caras, muchas horas, etc. Pero nosotros la verdad nos lo pasamos como niños (que es casi lo que éramos).

El cine ha sido mi droga dura, mi vía de evasión principal, la herramienta que me salvó de una vida que no era la que deseaba, la que me ayudó a vivir con mis traumas y mis complejos, la que me enseño muchas cosas de la vida desde el salón de casa, y sobre todo la que me abrió un enorme universo de otros mundos, de otros países, ciudades, gentes, culturas, etc. Pero también el cine formaba parte de la vida de nuestra generación de manera muy directa (y la de otras anteriores a mí), vivir en un pueblo pequeño, perdido en el confín de la tierra, tenía unas pocas liturgias. Una era la de las misas, y la otra la de las tardes de cine, de pipas en asientos de madera, de chucherías, del primer amor infantil, era el epicentro donde bullía la poca vida social que había en el pueblo. Eso es el cine para mí..

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La fragilidad de vivir

En estos tiempos modernos que nos ha tocado vivir (remembering Chaplin), BAJO UN TENUE MANTO DE LIGEREZA, INTRASCENDENCIA, VACUIDAD E IMPOSTADA FELICIDAD CONSUMISTA, encontramos todo un universo de insatisfacciones, sueños truncados, anhelos no cumplidos y esperanzas marchitas. El maldito juego de las apariencias, ya que vivimos una vida que no deseamos, buscando algo que en el fondo no merece la pena, que estamos embarcados en una odisea sin fin hacia ningún lugar, cuando recorremos todos los confines de este pequeño y castigado mundo en busca de un “El Dorado”, que se encuentra mucho más cerca de lo que creemos, en un lugar en el que a casi nadie se nos ha ocurrido buscar, en el fondo recóndito de nuestra frágil alma.

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La mirada incómoda

Bajo el brillo y el oropel vacuo de esta sociedad edulcorada, falsa como un decorado del oeste, y aparentemente perfecta que nos venden a través de todos los medios posibles, se esconde otra realidad dura, fría, desnuda y árida. Pocos artistas que hayan trascendido se han acercado a ese abismo insondable, que te atrapa y no te suelta, que te deja una herida en el alma, pero que está mas cerca de lo que pensamos, y ni nosotros, ni los que queremos estamos liberados de caer en él. La vida también es esto…

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El placer

Según el filósofo griego Epicuro, “la felicidad consiste en una consecución del placer sabiamente administrado, juntamente con el alejamiento del dolor”, este el fundamento del Epicureismo, que a su vez se considera una rama del hedonismo, que es una doctrina ética que identifica el bien con el placer sensorial e inmediato. El principal representante del hedonismo fue Aristipo de Cirene (siglo IV antes de cristo) a su vez discípulo de Socrates.

Pero para nada pretendo ofrecer una clase magistral sobre filosofía griega, y sus distintas ramificaciones y escuelas (que coñazo es este tío cuando se lo propone!!!), tan sólo apuntar que el tema de este post es más antiguo casi que la idea misma de divinidad. Esto se va a poner muy loco y calentito, lo prometo…..

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Fugacidad (Someone in the crowd)

Nuestra vida está llena de momentos fugaces, de maravillosos, intensos, únicos, e irrepetibles momentos que aparecen y se van con la velocidad de una estrella fugaz. Y al final el único recurso que nos queda para inmortalizarlos es ponerlos por escrito, nuestra memoria es tan frágil como el tiempo que se escurre entre las arenas de un reloj de arena. Caen y ya no volverán nunca jamás, aunque busquemos las mismas situaciones, con las mismas personas, nunca se volverán a repetir, serán otros, hermosos e intensos, pero serán otros distintos.

A día de hoy, con casi 50 años, sólo hay una cosa que me gusta de verdad, y que voy a repetir lo que ya dije en otro post (Diario de un escritor que nunca lo fue, ni nunca lo será). “Pero me quedo con lo que dijo una escritora vocacional sobre algunas personas que escribimos “ …están los que englobaría en el grupo de los escritores sin esperanzaLos que escriben por una necesidad emocional de expresión, porque les sirve de terapia, porque les pone frente a su verdad, a su vida, a sus recuerdos. Estos escriben y escribirán siempre, tengan o no tengan éxito, porque se ha convertido en su forma de vivir, su vocación”.

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Días de vino y rosas

Realmente nunca he tenido una vida demasiado movida, me explico. No he viajado mucho (2 ó 3 salidas de España), nunca he vivido fuera de mi provincia (salvo el tiempo del servicio militar), a diferencia de otra gente que ha vivido por toda España, o en el extranjero. Pero sí es cierto que lo que he vivido lo he hecho de forma muy intensa. Llegué tarde a la vida, empecé a hacer vida social unos años más tardes que la gran mayoría (con unos veintitantos), pero luego me “bebí” la vida del tirón, me emborraché de ella, y hasta cierto punto me llegué a saturar. Sí, es cierto que lo que he vivido ha sido apasionadamente, todo o nada, con muy pocas barreras mentales.

En mi gran vida poliédrica también hubo una etapa de “vino y rosas”, de todo aquello hermoso, efímero, vitalista, jovial, intrascendente, una época que duró casi 10 años, que también ayudó a forjar mi carácter y mi paranoia. Aquí está ese trozo de mi vida, que ya apareció en parte en el post la rabia.

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