The girl from Blue Note

El soul y el jazz se hicieron carne en esta mujer de melena imposible

Cuando la vida entra por la puerta, la tristeza se escapa por la ventana”, es como el juego del amante en fuga y el marido despechado. Sí amigos, ni el tiempo, ni el espacio, ni la pandemia infinita, ni toda la estupidez humana concentrada en el Instagram, haran cambiar mi cripticismo. Al final es tan simple, que mi silencio en mi blog viene causado porque la vida entra a raudales por todas las ventanas del “palacio de mi memoria”, y no me deja tiempo ni para la literatura (barata, por supuesto), ni para la filosofía (de sofá), ni para otras zarandajas.

La segunda cuestión es que tengo que seguir con la necesidad de bascular entre mi bipolaridad emocional, es decir, si mi anterior blog era un cierto canto al silencioso dolor (personificado en Takeshi Kitano y su película Hannabi), este tiene que ser todo lo contrario, lleno de luz, sensualidad, sentido, sentimiento y pasión por la vida, y por una hermosa mujer con una voz tan sensual como el tacto de la nieve de primavera (gracias a mi admirado Mishima).

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El sonido del dolor

Dicen que la sensación de dolor es una sensación sorda, sin sonido alguno, es un estremecimiento físico o psicológico que, en el mejor de los casos, te recorre una parte del cuerpo (una pierna, un brazo, el pecho, el cuello, etc), y en el peor de ellos es algo más intangible, que no puedes identificar con algo físico, que remueve los cimientos de tu vida, que te hace llorar lágrimas invisibles de sangre, que cuestiona en un momento lo que eres, lo que has vivido, o los objetivos por los que te levantas todas las mañanas. Y muy en los peores casos ese dolor intangible, ancla tu vida a una cama, ciega todas las ventanas de tu existencia, y te sumerge en un pozo insondable. Creo que todos sabemos de lo que hablo.

Pero ¿hay alguien que pueda poner sonido a ese dolor más insoportable? Creo sinceramente que una persona muy singular en el otro extremo del mundo lo ha conseguido, y también creo que no nos hemos ni enterado, el ruido ensordecedor de nuestra intrascendente vida diaria, ha acallado ese sonido tan especial. Aquí no encontraremos Dolor y Gloria (de nuestra reinona patria muy pagada de sí misma), aquí encontraremos DOLOR, SOLEDAD Y MUERTE, compañeras que, inevitablemente, a todos nos acompañaran en algún momento de nuestras frágiles vidas…

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Sueño universos de locura

“Que no está muerto lo que puede yacer eternamente, y con los eones extraños hasta la muerte puede morir”

Estanterías pesadas, cargadas del polvo del tiempo, y de libros ajados y manoseados, algunos olvidados en estantes ignotos, recorren cientos de corredores del Palacio de mi Memoria. De todas las lecturas que recuerdo, las más extrañas, alucinadas, y con una enorme carga de enfermedad y locura, provienen de un estante que se haya en una habitación cerrada hace largo tiempo, aquella en que pasé más horas de mi solitaria juventud. No he vuelto a entrar en ella, ahora la enfermedad y la locura son mis armas de trabajo, pero ahora ellas han vuelto a mí, y sospecho que para quedarse definitivamente.

El 20 de agosto de 1890 nació en Providence, Rhode Island (EEUU) el escritor más maldito de todos los que ha dado la literatura universal. Alto, desgarbado, feo como un pié izquierdo, nunca pudo vivir de sus libros, apenas tuvo repercusión en su época (aparte de un férreo grupo de seguidores incondicionales), vivió sometido a la sobreprotección de su madre y sus tías, apenas salió de su lugar de nacimiento (sólo una breve aventura en Nueva York), enfermizo, taciturno, solitario hasta la extenuación, asexuado (o con miedo al género femenino), elitista de rancio abolengo, supremacista blanco que escribió esto de la gente de color:

Cuando tiempo atrás, los dioses crearon la tierra; A imagen y semejanza de Júpiter al incipiente Hombre moldeaban. Para tareas menores las bestias fueron creadas; Aunque de la especie humana muy alejadas estaban. Para llenar el vacío y unirlas al resto de la Humanidad, los anfitriones del Olimpo ingeniaron un astuto plan. Una bestia forjarían, una figura semihumana, Colmada de vicios y «negro» fue llamada.

Todo un regalito el angelito, pero aún así dejó en la literatura fantástica, y en el cine del siglo XX y XXI, una huella imborrable, y tan enorme como su enfermizo ego…

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Forjar el carácter y la paranoia

Hace más de un año que comenzó la construcción digital de este mi palacio de la memoria. Puedo llegar a entender que después de casi 120 entradas, haya posts que repitan machaconamente temas que ya han aparecido en otros post, que todo suene un poco a refrito, a pastiche pseudopsicológico, etc. Cuando nos construimos una casa en el mundo real, las habitaciones se hayan unidas unas a otras por zonas comunes, unas habitaciones son zona de paso de otra habitación, todo está interrelacionado, pues así es la estructura de mi blog, y sigo recordando que en el fondo el origen de todo esto no fue por agradar a nadie, o mostrar lo guay que soy, o lo mucho que sé (que no Javier, que de verdad que no, que te lo aseguro).

Quien me haya seguido asiduamente, ha podido comprobar que en el fondo esto es mi testamento vital, hecho para los que me quieren, o para que me conozcan de verdad los que creen que me conocen. Y sobre todo hay una cosa que me fascina por encima de todas las demás, y es contar historias con alma, que enganchen, que dejen un poso indeleble, que puedan ser utilizadas por otros, integradas en su propio testamento vital, ese es mi mayor premio.

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Haciendo (mucho) ruido

Para mantener el equilibrio mental nivelado, los intensitos necesitamos pivotar entre la intensidad más acongojante y el descarrachiento mental, desfasar, tener una ida de pinza como una catedral. Tras revisar mi post de ayer varias veces, tengo que irme al extremo contrario, si quiero seguir manteniendo la cordura, y eso es lo que pretendo.

De mi experiencia de dos años y medio como músico semiamateur, llegué a tres conclusiones muy personales sobre el mundo de los músicos profesionales. Están muy pasados de vueltas, se lo pasan de puta madre trabajando, y la última es que de todos los instrumentos existentes los más ruidosos son los de viento metal. Pero no quiero entrar en muchas honduras técnicas, que tampoco voy muy sobrado yo, porque quiero que este post sea lo más distendido y sensorial posible. Veremos a ver si lo consigo.

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Los abismos

“En el recóndito sótano del palacio de mi memoria, oculto bajo el portón de mi subconsciente desgarrado, se haya un lugar que deseo ignorar que existe. Posee una antigua cerradura oxidada, cargada de ajadas cadenas, y la llave que da acceso al mismo hace tiempo que olvidé donde está guardada (o al menos trato de intentarlo). Es un lugar oscuro, lleno de dolor infinito, de locura, enfermedad, desprecio y olvido. Es el abismo de mi alma, tan lejano, tan cercano…”

De nuevo camino por mi aislada isla digital, el último trayecto ha sido largo, y he vuelto cargado de hastío, dolor y un cansancio infinito pegado a mis maltrechos huesos. Tengo que pedir sinceras disculpas a todos los que me leen, este blog os pertenece tanto como a mí, y el silencio ha sido prolongado, pero todo tiene una explicación. Sí queridos lectores, aquí está de nuevo la alegría de la huerta. Las recomendaciones de uso para ese post son abstenerse encarecidamente los melancólicos perennes, recién separados / divorciados, familiares de víctimas del COVID, y gente de bien en general. No todos los trayectos de nuestra frágil vida son hermosos y agradables… Allá vosotros si queréis seguir adelante.

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Cinema vida

Léaud, Bisset y Truffaut en la “Noche Americana”

Alguien mucho más sabio que yo me dijo una vez “si te gusta el cine, nunca hagas cine”. Y cuando hice cine lo entendí. Sí, hicimos un cortometraje semi profesional, con una gente que se dedicaba al cine, en una universidad de verano en Alicante (a lo mejor da para un post, aunque ya ha salido algo en Los Paraísos Perdidos). La clave es que cuando lo haces desde dentro se pierde toda la magia, se ven todas las costuras, es una obra de artesano, con trabajo, esfuerzo, malas caras, muchas horas, etc. Pero nosotros la verdad nos lo pasamos como niños (que es casi lo que éramos).

El cine ha sido mi droga dura, mi vía de evasión principal, la herramienta que me salvó de una vida que no era la que deseaba, la que me ayudó a vivir con mis traumas y mis complejos, la que me enseño muchas cosas de la vida desde el salón de casa, y sobre todo la que me abrió un enorme universo de otros mundos, de otros países, ciudades, gentes, culturas, etc. Pero también el cine formaba parte de la vida de nuestra generación de manera muy directa (y la de otras anteriores a mí), vivir en un pueblo pequeño, perdido en el confín de la tierra, tenía unas pocas liturgias. Una era la de las misas, y la otra la de las tardes de cine, de pipas en asientos de madera, de chucherías, del primer amor infantil, era el epicentro donde bullía la poca vida social que había en el pueblo. Eso es el cine para mí..

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100% colombiana

Venga lo he puesto a huevo para el chiste fácil. El título lo dice todo? De verdad que vivimos en la época de la obviedad, de que vamos por la vida de malotes (as) que es lo que mola, que la tontería de los Gran Hermano (s), Broncanos-resistencias y Mujeres-hombres y viceversa nos hace caer en la intrascendencia y la nadería, y que para ser feliz hay que esnifar hasta las rayas del campo de fútbol (véase la nueva serie de Netflix “White lines”, llena de topicazos). VENGAAAAA QUE SOMOS MÁS SIMPLES QUE EL MECANISMO DE UN CHUPETE.

El juego de las apariencias, la visión poliédrica de la vida, lo más hermoso de esta jodida vida es lo que parece que es y no es, la sorpresa que te encuentras tras lo que consideramos lo más obvio, pero para que ese mecanismo entre en juego tenemos que ir por la vida sin marcos mentales de ningún tipo, con la mirada de un niño, que todo nos sorprenda, con una curiosidad insaciable e inagotable. Y por encima de todo con una enorme carga de pasión por todo lo que hacemos, y sabiendo lo jodidamente imperfectos que somos, y que estamos aquí para empaparnos de todo aquello que nos puede enriquecer. Adelante amigos a esta ronda de colombiana invito YO….

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La fragilidad de vivir

En estos tiempos modernos que nos ha tocado vivir (remembering Chaplin), BAJO UN TENUE MANTO DE LIGEREZA, INTRASCENDENCIA, VACUIDAD E IMPOSTADA FELICIDAD CONSUMISTA, encontramos todo un universo de insatisfacciones, sueños truncados, anhelos no cumplidos y esperanzas marchitas. El maldito juego de las apariencias, ya que vivimos una vida que no deseamos, buscando algo que en el fondo no merece la pena, que estamos embarcados en una odisea sin fin hacia ningún lugar, cuando recorremos todos los confines de este pequeño y castigado mundo en busca de un “El Dorado”, que se encuentra mucho más cerca de lo que creemos, en un lugar en el que a casi nadie se nos ha ocurrido buscar, en el fondo recóndito de nuestra frágil alma.

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Gaélicos

En esta Europa multicultural y multiétnica muchos son los pueblos que la configuran, algunos muy antiguos, pero sólo uno de ellos ha trascendido las fronteras en las que se originó, un puñado de tierra en medio del mar, como una gota en un océano, en los suburbios de la Europa civilizada, con origen muy antiguo, que ni tan siquiera el imperio romano pudo conquistar, y que luego fue subyugado por los ingleses (me estoy repitiendo amigos, como una mala digestión).

Pero este pueblo llevó su cultura y sabiduría a territorios colindantes, pero su influencia ha traspasado todas las fronteras de nuestro pequeño mundo. Quieren saber quien fue ese “pueblo” que salvó a la civilización occidental? Exagerada la afirmación?, pues pasen y vean…

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