In the Mood for Died

En el año 2000 el director de cine de Hong Kong, Wong Kar-Wai, firmó una de las películas más bellas y fascinantes de lo que llevamos de siglo XXI, «IN THE MOOD FOR LOVE», que en el mercado español se tradujo como «Deseando Amar».

Ya sabe quién me lee asiduamente, que me gusta jugar al despiste. Este post no tiene nada que ver con el cine chino, pero sí con la historia de amor al jazz más triste que nos ofreció la música en la segunda mitad del siglo XX, y su protagonista (probablemente) es el mejor pianista de jazz de la historia, y el más desgraciado…

Unos meses antes de que el mundo se estremeciese con la debacle que supuso el crack de la bolsa de Nueva York de 1929, a unos kilómetros de distancia, en New Jersey, nacía un niño que removería, y en parte establecería, las bases del jazz del siglo XX.

Con su aspecto de niño aplicado e introvertido, recibió una sólida formación musical y con apenas 20 años se graduó en piano, comenzando su carrera en 1950, interrumpida por su paso por el ejército durante tres años, donde también acabó perteneciendo a una banda militar.

El eterno soldado Prewitt, y la música que corría por sus venas

Tras su paréntesis militar, se instala en Nueva York y entra a tocar en un primer cuarteto, y sigue con sus estudios musicales que le acercaron al jazz modal, grabando su primer disco en 1956.

Entre 1956 y 1958 afianzó su carrera tocando con músicos de jazz de gran renombre (que no quiero aburrir, pero creo que hoy no lo voy a conseguir). Y en ese año se encontró con la bestia parda e insufrible de Miles Davis (para muchos el mejor músico jazz de la historia), y grabó con él el disco de jazz más vendido de la historia «Kind of Blues», pero no voy a poner nada de Miles Davis porque me la bufa un rato largo (haciendo amigos entre el gremio del jazz, yupiiii).

Tras esa colaboración, volvió a la escena como lider y en el año 1961 grabó junto a Paul Motian (batería) y Scott La Faro (bajo) el disco Sunday at the Village Vanguard.

Pero la fragilidad que le perseguía y su especial sensibilidad comenzaron a quebrarse, ya que el bajo La Faro murió en accidente de tráfico con 25 años diez días después de grabar el disco. Evans pasó un año retirado de la escena, deambulando entre alcohol y drogas para mitigar su dolor.

Entre 1975 y 1976 grabó dos discos con Tony Bennet, por los que fue galardonado con un Grammy, para mí personalmente el primero de los discos con Bennet es lo más hermoso que he escuchado nunca en el jazz. Voz y piano desnudos de la mano y sin límites.

Ya había aparecido en este blog este disco, y no dejaré de recomendarlo. Al final de sus días se consumió entre océanos de alcohol y cócteles letales de drogas, destrozado por el suicidio de su hermano. El 15 de septiembre de 1980 su piano enmudeció para siempre, sólo tenía 51 años, y un inmenso universo de sensibilidad con el que no pudo lidiar. (jódete Javier otro genio maldito, y ya van unos cuantos).

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