Raíces

Vuelvo a reconocer que voy a jugar mucho al despiste. Es un ejercicio recurrente en mí, quien se quede sólo en el título o en la foto, se equivoca mucho, y se perderá el jugosísimo contenido del blog. Y si hay alguna gente que pasa de largo, pues la verdad me da igual, tampoco me interesa esa gente que sólo se queda en los titulares, la verdadera esencia de las cosas está detrás de lo aparente, de lo visible, quien no tenga la paciencia o la curiosidad para ver lo que hay más allá es un intrascendente, y aquí no tiene ni un hueco.

Esta foto pertenece a una famosísima serie de los años 70 que recomiendo encarecidamente (se ha hecho otra versión hace unos años, de mucha menor calidad). Yo la ví siendo un niño y me impactó, por la dureza de la misma, sobre la esclavitud en la américa del siglo XIX. Pero sólo me quedo para este blog con el título, RAICES, y de eso va este post, de mis RAICES…

Una caja de recuerdos y fiestas de guardar

“Está siendo demasiado largo este duelo, tanto que la próxima vez ya dura demasiado… Se trata de seguir buscando, aunque detrás de la última colina no exista ningún tesoro enterrado. Es la búsqueda la que nos mantiene vivos, y no el tesoro. Ahora que ya cayeron los bordes, ahora que lo propio ya es ajeno, ahora es el momento de seguir buscando, de seguir volviendo, es el momento de soñar”

Como la Mágina de D. Antonio Muñoz Molina, y él si es un ubetense ejemplar, no como el bocachancla de Sabina, aquel universo que construyó para ubicar sus vivencias, sus recuerdos, la esencia de su alma, para mí también existe un lugar que es la fuente de todo lo que soy a día de hoy, que también forjó mi carácter y mi paranoia (como dicen los Antílopez). Un lugar que odio y amo a partes iguales, y un lugar del que me fui para no volver jamás, porque la esencia de lo que había allí ya está dentro de mí, y no necesito tener que volver a pisarlo para revivir lo que allí viví, tan sólo me acerco alguna vez para, de rodillas ante una tumba, recordar a quien me enseño la lección más importante de mi vida. Un enorme ser humano, pequeño y frágil, que dedicó toda su vida a nosotros, a enseñarnos sin palabras a ser lo que hoy somos, a caminar sin miedo, y a apreciar lo que de verdad merece la pena de la vida, aquellos a los que amas.

La Fuente de mi paranoia

El calor y las sábanas de olor dulce más enfermizas
Que se aferran a la parte de atrás de mis rodillas y mis pies
Bueno, me estoy ahogando a tiempo a un ritmo desesperado
Y te agradezco por traerme aquí
Por mostrarme un hogar
Por cantar estas lagrimas
Finalmente descubrí donde pertenezco
Se siente como un hogar
Debería haberlo sabido
Desde mi primer aliento

Yo también he descubierto muy tarde cual era mi hogar, cual había sido siempre mi hogar, pero creo sinceramente que no es un lugar físico. Todo lo que te ata a algo lo siento como una cadena, como las que arrastraba Kunta Kinte en la serie Raices. Necesariamente las cosas pasan en lugares físicos, en pueblos, en ciudades, en casas, en pisos, en chalets, pero tendemos a unir los sentimientos de lo vivido con el lugar en el que sucedieron, y al final eso nos ata y nos limita, y en mi vida no me gustan las ataduras y las limitaciones, físicas o mentales, huyo de ello. El sentimiento de un hogar es una especie de estado mental, es lo que llevas dentro, lo que aprendiste, lo que viviste, lo que te reconforta, y eso puedes llevarlo contigo, en el fondo los lugares son secundarios. Y al final si te sientes atado, y agobiado lo más normal es que termines huyendo de ese lugar…

No sé por qué, desaparecí Podría haber sido la llamada de la noche
Pudo haber sido un cambio de opinión.
No sé por qué, desaparecí
Y aunque perdido me encontré
Donde había estado todo el tiempo.
Cuando el reloj suene, me habré ido
Pero no juzgues la acción sino lo que salió mal
No soy santo pero tampoco un pecador
Esa es una de las razones por las que desaparecí.

Pero por mucho que corras o huyas hacia delante, lo que nunca jamás podremos hacer es huir de nosotros mismos. Es una quimera en la que hemos caído algunos, no existe lugar sobre la tierra en el que se pueda huir de uno mismo. Y al final después de vagar sin rumbo, sin dirección, sin timón, un día te despiertas en cualquier sitio, y con el primer rayo de sol de la mañana, te das cuenta que el hogar esta dentro de tí, en lo que habita en tu interior, en lo que te has llevado en la mochila que llevas a la espalda, y está todo allí, los sueños, los recuerdos, los sentimientos, las esperanzas, las personas que se fueron para nunca volver, los lugares que recorriste desde tu más tierna infancia, todo está allí como en un trastero mal ordenado. Y tan sólo se trata de darle un orden, de clasificarlo , de catalogarlo, de poner cada cosa en su sitio. Yo empecé ese trabajo el 5 de mayo de este año, cuando empecé la construcción de este el palacio de mi memoria.

El palacio de la memoria

Recorriendo en silencio el palacio de mi memoria, con esta música de fondo, descubrí tras abrir más de 75 estancias que me había dejado la más importante atrás, que todavía permanecía cerrada, en la oscuridad, en silencio, acumulando el polvo del tiempo. Una bóveda enorme, en el corazón del palacio de mi memoria, en los sótanos, bajo tierra, con columnas como atlantes que sujetaban toda la estructura del palacio, que extendía sus raíces como los árboles centenarios por todos los rincones de mi alma, que todo lo tocaban, que todo lo “contaminaban”, que lo llenaban de sonidos del pasado, de imágenes, de olores, de sabores, de recuerdos vívidos, de sueños rotos, de ausencias, de presencias eternas. Había pasado por la puerta de esa estancia mil veces, y mil veces había mirado hacia otro lado, agachado la cabeza o simplemente salido corriendo, pero este fin de semana esa puerta se abrirá, y estará abierta para siempre.

La puerta que ya nunca se cerrará
La puerta a lo que hay allí

El otro gran objetivo del palacio de mi memoria era que mis hijos conocieran sus raices, de donde viene su padre, que es lo que hay debajo de su gesto serio, de sus silencios, de sus miradas perdidas, donde están ancladas sus raíces, porque, desgraciadamente, han tratado de borrar esa parte que también es de su vida, pero aquí tienen parte de la memoria de cuales son también sus orígenes.

El epicentro de mi universo

Pero desgraciadamente ya no podrán conocer a los que se fueron para siempre, toda aquella parte de mi vida que ya ni siquiera existe físicamente, aquel parque, aquella fuente, aquellas calles empedradas, aquel cine de pueblo medio ruinoso y tan lleno de vida, aquel cine de verano, aquel río, aquel negocio del que sacamos todo lo que somos hoy, con esfuerzo infinito, con los años que mi padre invirtió en él. Todo eso que está dentro de esa bóveda en mi palacio, pero que no puedo hacer visible para ellos, y que se irá conmigo cuando ya no esté.

El nombre de ese lugar ni tan siquiera importa, ya he dicho al principio que no hay que quedarse en los títulos de crédito, o en los carteles, hay que ir más allá. Y ahora se trata de VOLVER a todo aquello.

Y esto dedicado a tí hija mía, la primera luz de mi vida

2 Replies to “Raíces”

  1. Al igual que tú, en mi niñez disfruté de esta serie, y reconozco temblar de angustia y de rabia por el contexto históric que explica y por abrirse de forma descarnada la crudeza del ser humano. Estas series y/o películas junto otras muchas cuestiones más me han hehco una persona muy social, muy volcada a las causas injustas y además casi imposibles de solucionar. Pero comprometida, al fin y al cabo.
    Reconozco que me ha emocionado y que poco creo deba añadir a algo tan personal como lo que expresas.
    Yo también habito en un lugar (precioso además) pero desde que estaba sola en mi cuna recuerdo esa sensación agradable de ser en silencio y en soledad.Lo que soy, me acompaña siempre y no me abandona nunca y se va forjando cada día con más elementos y gracias a la presencia de personas y de experiencias, también, como ahora.
    Responderte me ha supuesto no explicar a un buen amigo un incidente que nos ha sucedido, espero que tenga paciencia y sepa esperar hasta otro momento.
    A mi me ha merecido la pena el tiempo empleado en hacerlo y las emociones vividas.
    Un saludo.

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