Night & Day (cuatro días para el recuerdo)

“NUESTRAS VIDAS SON LOS RÍOS QUE VAN A DAR EN LA MAR” – Jorge Manrique

Entre el arco de tiempo que va de la noche al día hay cabida para meter una vida. De eso no me queda la menor duda. Una de los principios de la “solitud” es el de reflexionar, el de recargar las baterías, mejorando la relación con nosotros mismos y, paradójicamente, con los demás, desconectando de todo aquello que nos distraiga.

He tenido la suerte de, desconectado de internet, móvil, televisión, televisión de cable, prensa, radio, etc. conectar conmigo mismo y con la persona con la he compartido algunos mejores días de mi vida. Hablando, escuchando, paseando, confesando sobre nuestra vida, penas, alegrías, y movidas existenciales, bebiéndonos la vida a ratitos por los rincones de dos maravillosas ciudades de Andalucía, sin grandes fiestas, ni tumultos, con el sonido de los turistas a nuestro alrededor, el agobio de los bañistas en la playa, en los chiriguitos, en las retenciones de tráfico. Pero lo mejor de todo es que se borró el tiempo de nuestras vidas, desaparecieron los relojes, los agobios, los estreses, y las tan aburridas noticias de este decadente mundo. En varios momentos de estos cuatro días, llegamos a perder la noción del tiempo, sin tener que meternos nada tóxico la verdad, salvo un par de cañas o vinos. Un chute de vida en estado puro……

Día 1. Unos pocos kilómetros separan dos vidas que sólo se han cruzado en una pantalla de cristal, el viaje como un relámpago entre la tormenta (desafiando a la todopoderosa DGT), y una ciudad cruzada por un río en una llanura, cargada de miles de años de historia, y abrasada por el sol del mediodía. Una cita casi truncada por un despiste entre hoteles, y el encuentro, tras unas gafas de cristal y un sombrero.

Copas, risas, copas, nervios, copas, confesiones, copas, regalos, copas, calor, y al final las copas casi acaban con nosotros. La vida corriendo a raudales por las calles de esta ciudad calurosa como el infierno.

Nunca unos tacones hicieron tan bien el trabajo de achucharnos, para estar mona hay que sufrir, y yo agarrado de tu brazo el hombre más féliz de la tierra. Esa noche no fuí el único que te echó piropos, hubo que espantarlo como a las moscas. Al final de la noche, unas copas y una terraza a los pies de un hermoso río, unieron nuestras vidas….

Día 2. Un temprano amanecer, y recorrer la ciudad con las mismas ganas que el preso recorre los últimos metros hacia su libertad después de un triste encarcelamiento. Luz, vida, historia, guiris, fiesteros pasados de hora, contando los segundos hasta nuestro encuentro.

Un viaje por Andalucía, una conversación en el coche (y vaya coche, y vaya compañía). Al final del camino el mar, la playa, la vida en verano, el sol… Y como dice la canción…

“Imagina una calita, y yo te sirvo una clara, es verano y luce el sol en la costa abarrotada, y estamos tranquilos como anestesiados…de nuevo al chiringuito un bañito… y acábamos cenando sardinas y ensalada, bebemos, dorados, hablamos, callados, la luna, la sal, tus labios mojados…”

La vuelta tranquila y tarde a casa pero nos acordamos un pelín de Hitchcock…

Día 3. Una hermosa mañana, un desayuno compartido, unos hermosísimos ojos verdes que iluminan el cielo de Córdoba en un caluroso día verano. El tiempo ya se había desvanecido entre nosotros, y todo daba vueltas a nuestro alrededor. Ni la “simpatía” cordobesa de la gente del “Correo”, podía quitarme ya la sonrisa.

Un hermoso almuerzo en una plaza, amenizado música, y ese día comprendí que estaba hechizado sin remedio por una ciudad, en un hechizo del que no quería despertar.

Y casi sin buscarlo encontramos el cielo en la tierra, desde donde se podía contemplar toda la belleza de esa ciudad…

El agua y la noche nos unió como nada lo había hecho hasta entonces…

Una vez derruidas todas las barreras, y tras una cena apurada al borde del río, y una copa, la noche nos enseñó lo mejor de tu ciudad y de nosotros mismos…

Día 4. Tras una noche inolvidable, la mañana fue aún mejor, una larga caminata, unos wsaps cruzados, una plaza, un par de almas que se cruzan otra vez.

Antes de la despedida, confidencias en un patio de naranjos, y como bien dice mi amado Murakami (y ya comentado en otro post):

“Las heridas incurables que recibe el corazón son la contraprestación natural que las personas tienen que pagar al mundo por su independencia”. Haruki Murakami (De qué hablo cuando hablo de correr)

Noche y día,
eres la única …
Sólo tú bajo la luna
o bajo el sol
Te encuentres cerca o lejos de mí
No importa, querida,
donde estés
pienso en ti día y noche.

Noche y día… 
¿por qué este anhelo por ti
me sigue adonde vaya?
En el ruido del tráfico,
En el silencio de mi solitaria habitación,
Pienso en ti día y noche.

Noche y día,
debajo de mi piel
Hay un … oh,
Ávido anhelo 
que me quema por dentro …
Y este tormento 
no acabará
Hasta que me dejes pasar mi vida
Haciéndote el amor.

Día y noche …
noche y día …

Y el resto del camino apenas acaba de empezar….hasta llegar al mar.

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