7 días en una vida

“La vida está hecha de días que no significan nada, y momentos que significan todo”

Muchos de los grandes momentos de la historia llegaron sin avisar, el descubrimiento del fuego, la invención de la imprenta, la Revolución Francesa, la Revolución Industrial, el nacimiento del primer ordenador, etc. Probablemente eran días como otro cualquiera, donde nacían niños, gente moría, empezaban guerras, se acababan otras, o alguien se aburría en su casa mortalmente, pero que con el trascurso del tiempo se comprobaron que fueron cruciales para la historia de nuestra civilización.

Creo firmemente que en nuestras pequeñas y frágiles vidas, hay momentos como esos. Días que nos levantamos desganados, o con algún dolor, o que ni siquiera teníamos gana de levantarnos, que eran lluviosos, o hacía mucho calor y por eso no pudimos dormir bien la noche de antes. Pero en el trascurrir de nuestra vida aprendemos, desgraciadamente, a base de dolor y sufrimiento, cuales son los días buenos y los malos, y aquellos que marcarán nuestra vida de alguna manera… Yo he vivido siete días que estoy seguro van cambiar mi vida para siempre….

Esta vez no he trascrito la letra, que me parece instrascendente, el título es lo importante.

Día 1. Un día de verano, en una pequeña ciudad junto al Mar, un puerto deportivo, un pequeño mercadillo abarrotado de turistas, una comida familiar, una siesta, una larga caminata, un baño en la piscina al anochecer. Se nos hace extraño ver gente realizando actividades a solas, cenando en una terraza, tomando una copa, o paseando a la luz de la luna. Así terminé ese día, escribiendo notas en mi manoseado cuaderno para unas entradas en el blog. Al volver a casa, sólo pero en paz conmigo mismo, unas fotos a la luz de la luna reflejadas en el Mar (Ser consciente del momento presente, del aquí y ahora). Pero un mal paso me hizo tener una caída, de la que todavía me duele medio cuerpo y me ha dejado aún más cicatrices. Eso me hizo reflexionar, y entender que la desventuras vitales están a la vuelta de cualquier esquina. (Empezar con humildad, en este caso terminar).

Día 2. Un viaje antes de amanecer, casi sin dormir, recorrer media Andalucía, una cita médica sobre la situación anímica de mi hija ante mi separación (más de un año y medio de dolor que no cesa), un día arrastrando los pies por falta de sueño, la instalación de una aplicación en el móvil de una app de citas online (otro brindis al sol), siesta, y la casa llena de ruidos infantiles, de dolor silencioso ante el cambio de domicilio, de pizza compartida, y de series en tv.

Día 3. Desayunos infantiles, juegos de ordenador, ropa por el suelo, móvil hasta para ir al baño, peleas, risas, vida que no duele, que no cansa, que te hace sentirte vivo, pese a todo. Pocas ganas de trabajar, comida a regañadientes (esto no me gusta, eso tampoco…) siesta y un rato de piscina, y algún mensaje en la app de citas (quizás un pequeño comienzo). Un día estupendo la verdad, de los que no pasan grandes cosas, pero son de las más balsámicas para las cicatrices de nuestra dolorida vida.

Día 4. Madrugones veraniegos, desayuno a la carrera, mochilas, campamento de verano, y una larga sesión con nuestro gran hermano implacable (AEAT), comida y siesta y tarde de tranquilidad sin niños, nervios agarrados al estómago por asuntos judiciales, cena tranquila, televisión, y un ratito al móvil con alguien que ha entrado en mi vida casi de puntillas (madre mía), meses largos de soledad y depresión, y un día se enciende un pequeño piloto en el móvil con unos mensajes entrantes. La primera noche hermosa en mucho tiempo.

Día 5. Otro día de campamento, un viaje relámpago, manos estrechadas, maletines de trabajo, una tila rápida (otra más) acompañada de un tranquilizante, un crucifijo, un alzacuellos, un tribunal “no humano” y un mural de la crucifixión. La impotencia, la disección descarnada de una vida, malas palabras, malas caras, intransigencia y la representación de una burda felonía. Unas palabras de reproche a la vuelta, unas llamadas nerviosas a la familia, comprar comida para compartir con la esencia de mi vida, siesta, cena y una conversación digital en el balcón, la constatación de que se ha abierto una hermosa ventana en mi vida, con una estupenda vista al Mar de la esperanza.

Dia 6. Algo está creciendo dentro de mí cada día que pasa, a través del silencio, de la depresión y la soledad. La mañana se despierta cálida, y a la carrera recorremos las paradas habituales con mis hijos, otro viaje corto, un té, unas recomendaciones, y otra vez el mismo escenario de ayer, con caras que representan la hipocresía, la mentira y la maldad, y un cuervo presagio de mal fario. Un golpe inesperado a la palabra JUSTICIA, que rompe las esperanzas, caras largas, indignación y frustración. Vuelta a la calidez de la familia, comida, siesta, tarde calurosa, 5 kilómetros para quemar ansiedad, y toda la frustración acumulada. Cuando el sol se retira, la ansiedad se instala en la pantalla de mi móvil, y una conversación en una noche de verano, me devuelve toda la ilusión de que este mundo no está perdido, de que mi mundo no está perdido irremisiblemente, y me voy a dormir con una sonrisa en la cara, y un pellizco en el corazón, pero no del que duele, del que reconforta, pero cortado en un tajo por la batería del aparatito. Disculpa de nuevo.

Día 7. Un hermoso mensaje al amanecer, una llama que se aviva a cada minuto. Después desayunos, labores en casa, un paseo al ardiente sol para hacer recados, unos coches de niño, una paella marinera, y una siesta con banda sonora de juegos infantiles. He pasado medio día con ansiedad por coger el móvil, y por enviar los trocitos de mi juvenil deseo que se me derramaban por todas partes (a mi edad así, bendito sea el altísimo), pero las canas que me pesan (y sobre todo el puñetero de mi hijo que se ha llevado el móvil media tarde, gracias hijo mío), han hecho que me contenga. Tras las duchas y las cenas, toda la inocencia se ha ido durmiendo por los rincones, pero entonces el día empezaba para mí (y ya casi estaba terminando). Unos dedos nerviosos nadando sobre la pantalla del móvil, todo el mar de mi esperanza se ha desbordado rompiendo las exclusas de mi soledad, hoy he sido consciente de que no hay vuelta atrás, y estoy asustado, emocionado y superado, todo al mismo tiempo.

“El tiempo ha pasado y estar a tu lado a través del teclado es lo más parecido a no estar / Te veo en la pantalla y con los dedos, toco pecas de cristal / Y he descubierto que ya no hay café / que hoy consiga hacerme despertar / Del sueño que empezamos una noche…”.

Una larga conversación digital, dos test rápidos, coches, comida, lugares para perderse, o para encontrarse, filiación política, confesiones íntimas, y la constatación de que este verano, que apenas ha empezado, no lo voy a olvidar fácilmente.

Vengas cuando vengas,
deja atrás el peso, quema las maletas,
tira tu champú.
Tengas lo que tengas, dame lo que quieras.
A plazos o entera, como veas tú.
Hagas lo que hagas, hazlo porque quieres.
No pongo deberes y no paso lista.
Vistas como vistas: falda o pantalón.
No te me disfraces para la ocasión.
No te quiero retener.
Si te da el punto te vas.
Y aunque me veas mirar,
baila como tú quieras bailar.

Vengas cuando vengas
ven sin salvavidas, sin paracaídas
y sin afeitar.
Digas lo que digas, dilo sin sedante.
Fuerte y a el semblante, lo puedo encajar.
Hagas lo que hagas, que sea sincero.
Sin “quizás”, sin “peros”
y sin avalista.
Vistas como vistas: seda o algodón.
No te me disfraces para la ocasión.
No te quiero retener.
Si te da el punto te vas.
Y aunque me veas mirar,
baila como tú quieras bailar.

De todos los post que he escrito es el que más fácil me ha resultado escribir, el que me ha salido a borbotones. Esto es todo lo que soy, y esto es todo lo que ofrezco. VENGAS CUANDO VENGAS

4 Replies to “7 días en una vida”

  1. Una muy bonita noticia y sorpresa. Noticia porque así se te acaba la depresión. No hay nada como un enamoramiento para que se nos cambie la nube gris de nuestro cerebro y estemos felices como día de estio, todo nos parece maravilloso porque la parte racional de nuestro cerebro se eclipsa aunque sea sólo por unos meses.

    Sorpresa porque todo cuanto preconizas en este blog acerca de la soledad y de vivir solo y demás cuestiones, se desvanecen.

    Espero que al menos no desaparezca este blog y se reconvierta en otro donde estés compartiendo tu vida con tu particular “jueves”.

    A pesar de nuestros desacuerdos, he pasado buenos ratos leyendo lo que expones y meditando acerca de tus teorías.

    Te deseo lo mejor y mucha suerte en esta nueva etapa sin soledad.

    Un saludo cordial.

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    1. Gracias de corazón amigo, ahora si te lo voy a llamar, a veces ha sido dura la contienda, pero en el fondo era una lucha de ideas y distintos pareceres.

      Ya he dicho que soy una persona enormemente contradictoria, pero tanto cuando estoy en un lado, como en el opuesto, lo que expreso lo hago a pecho descubierto.

      Es cierto, una mujer ha entrado en mi vida, y ya se verá el camino que sigue todo. Es estupenda, y ha despertado la mejor parte de mí, mi lucha contra la depresión va a buen ritmo.

      Retomo lo dicho en mi post del “ruido y la furia”, nada de lo dicho hasta ahora es impostado o artificial, la soledad ha sido mi pareja más fiel hasta la fecha. Por supuesto, que el blog seguirá, y cumpliré con mi palabra de hacer 365 entradas (más una). Si es cierto que algo del “decorado” pueda cambiar, pero lo demás seguirá.

      Gracias a Mar por todo lo que me has dado hasta la fecha (sin tan siquiera vernos). Y por supuesto a tí Javier.

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  2. Nos ha hecho partícipe de tu vida y cuentas que pasas por una depresión y de nuevo me cuesta separar mi faceta personal de la profesional.
    Depresión y enamoramiento son dos caras de una misma moneda y por ello hay que tener cuidado cuando se está deprimido decidir acerca de alguien con quien tener una relación. Le euforia química de conocer a alguien se asemeja a una dosis de cocaína y genera emociones contrarias a las que provoca una depresión, por ello es tan negativo en esas circunsatancias porque no se elige en plenas condiciones.
    Como has tenido la deferencia de hacerns relación de parte de tu pasado y de lo que vives actualmente, me lleva a hacerme y hacerte un planteamiento. Dado tu amplio número de relaciones y fracasos y consecuencias negativas, ¿no estaría todo directamente relacionado a que no haces sino repetir comportamientos?
    Más aún, una relación on line (como parece que se trata de la que nos hablas) es aún más efervescente porque puede ser más idealizada y más engañosa por cuanto no se convive en todos los ámbitos de la vida, se oculta, se miente, se disfraza la verdad…
    Una realción en tu estado te aporta, sin ser realmente así para siempre, la atención que ahora necesitas. Pero llegará el día a día y la realidad impone (como sabes bien y nos has contado tu sobrada experiencia) su ley.

    Puedes estar en un bucle perfecto de todos estos elementos desde hace años. Y por lo que hablas y explicas, parece más que posible. De hecho en los primeros post no eras el que eres ahora.

    Hablálo seriamente con quien consideres si te estás tratando que espero sea así. Puede que ni tan siquiera sea depresión sino otra cuestión. Ya que ese ansía de pretender sensaciones constantes, atenciones constantes,y los fracasos también constantes….
    No repitas el dolor que has causado. Nadie se lo merece y esta chica que es tan especial, menos aún.
    Acercate a quienes te han dado apoyo incondicional siempre y cuéntales también por lo que pasas y no decidas alegremente porque puede llevarte a la enésima depresión.

    Un consejo por mi experiencia: elije a quien es capaz de darte estabilidad y equilibrio y te acepta como eres sabiendo realmente cómo eres y no a quien llega de nuevas. Esta te dará ese chute, las demás, el estado que se considera felicidad en psicología: serenidad y autoaceptación.

    Enfadate conmigo, pero no desprecies mi experiencia y conocimientos.

    Espero que estés a la altura en esta etapa de tu vida.

    Un saludo muy cordial.

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    1. No me enfado, te lo agradezco casi como amigo que te considero, pero te faltan muchos elementos de juicio (que evidentemente no he contado en mi blog). Ahora mismo, tras la depresión, estoy en e momento más lúcido, equilibrado e ilusionante de mi vida (sigo con enormes problemas judiciales), pero me remito a lo que dice Bob Harris en la entrada Vidas sin timón, “cuanto más sabes quienes eres y lo que quieres, menos te afectan las cosas”.

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