Ikigai (el sentido de la vida)

Confesión 1. Odio los libros de autoayuda. Esto no es raro, hay mucha gente que lo hace, incluso hay un “supuesto” psicólogo danés que opina, “que los libros de superación personal hacen a sus lectores más deprimidos y estresados, y en algunos casos hasta crean minipsicópatas” (hay gente muy perjudicada por ahí, verdad?). Confesión 2. Como contradictorio practicante que soy, compro libros de autoayuda (y no uno ni dos).

Pero, dadme unos minutos, que creo que lo puedo arreglar.

Ahora permitidme que me ponga serio, vamos a hacer un viaje trascendente desde los campos de concentración nazis a el Japón clásico. Como siempre en mi vida se trata de unir dos conceptos a priori irreconciliables, pero si algo me ha enseñado la vida es que se puede llegar al mismo destino desde caminos muy distintos.

¿Que diferenciaba a las personas que dentro de los campos de concentración vivían y morían al margen de por causas ajenas a su voluntad? Intentaré afinar más, ¿que hacía que unas personas en situaciones límite quisiesen seguir viviendo y otras se abandonaron abrazando la muerte? Un prisionero judío que estuvo en cuatro campos de concentración diferentes (Theresiendstadt, Auschwitz, Kaufering y Türheim), y sobrevivió a aquel horror encontró la respuesta. Pero por el camino perdió a toda su familia. Su nombre era Viktor Frankl, un médico judío-austriaco que había estudiado neurología y psiquiatría antes de la guerra. En su obra más famosa dijo:

A un hombre le pueden robar todo, menos una cosa, la última de las libertades del ser humano, la elección de su propia actitud ante cualquier tipo de circunstancias, la elección del propio camino… Había una desvalorización de todo lo que no redundaba en la conservación de la propia vida. Pero había prisioneros que sentían una profunda inquietud religiosa, y que eran capaces de improvisar un rincón en el barracón, o en un camión de ganado, para hacer oración. A pesar del primitivismo que imperaban a la fuerza, en el campo era posible desarrollar una vida espiritual. Las personas capaces de ello resistieron mejor en el campo, al aislarse del entorno y retrotraerse a su vida anterior, a su riqueza intelectual y su libertad espiritual. Cuando todo se ha perdido queda el amor. El Dr. Frankl y otros prisioneros se aferraban a la imagen de sus mujeres, o de un hijo, o de la persona que más amasen.

La clave de esas personas era encontrar algo a lo que aferrarse profundamente, que llenase su mísera vida, y la dotase de cierta esperanza, encontrar el verdadero sentido de su vida. Así pudo sobrevivir él y un puñado de compañeros.

Pero por otro camino mucho más lejano llegamos a un destino muy similar. El “ikigai” es una concepto japonés que viene a referirse a los placeres de la vida y “el sentido de la vida” a veces incluso se dice coloquialmente que el “ikigai” es “la razón para levantarnos por las mañanas”. Se compone de las palabras iki (vivir) y gai (razón) El ikigai se asiente sobre 5 pilares complementarios y en un mismo plano de igualdad:

Pilar 1: Empezar con humildad

Pilar 2: Renunciar al ego

Pilar 3: Armonía y sostenibilidad

Pilar 4: El placer de los detalles

Pilar 5: Ser consciente del momento presente, del aquí y ahora

El ikigai es una especie de de núcleo cognitivo y de comportamiento alrededor del cual se organizan varios hábitos de vida y sistemas de valores. Todos poseemos un ikigai en nuestra vida, pero la búsqueda del mismo nos obliga a bucear en nosotros, de manera profunda, sincera y esencial.

“Cuando mis hijos están en casa conmigo, me levanto temprano, los veo como duermen, los arropo, les hago el desayuno y coloco la ropa que se van a poner para ir al cole, les preparo la mochila y el desayuno de media mañana”. Eso tan sencillo es empezar con humildad, sirviendo a los que amas profundamente y sin contraprestaciones.

De noche tumbado sólo en la cama, reconozco aquellos errores que he cometido durante el día, asumo que soy un ser imperfecto, y que mi esfuerzo debe ser el de servir a aquello que me haga mejor persona, la sinceridad, la caridad, el aprender a transigir, a pedir perdón, a pedir ayuda si la necesito, a sentirme bien con mis debilidades y frustraciones, y también mis humanas esperanzas.” Un ejercicio cotidiano de renunciar al ego.

“Sentir las piernas doloridas, y a la misma vez reconfortado con el sudor y el esfuerzo. La rutina de caminar kilómetros en soledad, ordenando el caos de mi vida, haciendo planes, y arrojando la ansiedad a un lado, con la música en la cabeza, soul, tango, bossa, fado, pop, folk, jazz, trip hop, funk, llenar de energía el depósito que nos permita seguir en esta frenética carrera”. Eso es la armonía y sostenibilidad para mí, la que me permite seguir viviendo.

“Cuando ya se han ido al colegio, vuelvo a casa y me preparo el desayuno, una tostada con aceite de oliva, fruta y un té negro con algo de leche, puedo oir el silencio y la tranquilidad de la casa vacía, que se volverá a llenar de vida en unas horas”. El pequeño ritual de cada día, el placer de los detalles.

“Mi corazón siente impaciencia, cuando con el teléfono en la mano, me cuelo hasta su pantalla de cristal y siento que está al otro lado, me siento como un adolescente, pero llamo suavemente, sin hacer mucho ruido, y me acerco con los pies descalzos como los de un niño, tan sólo ansío entrar en un trocito de su mundo, una canción, una película, un recuerdo doloroso del pasado, un destino de vacaciones, una ciudad por visitar, un viaje por hacer, un halago, un sonrisa de cristal, un vestido de verano corto de vuelo, un camino que recorrer juntos quizá….”. Para mí eso ser jodídamente consciente del momento presente, el aquí y ahora.

Y quizá una promesa de futuro…

5 Replies to “Ikigai (el sentido de la vida)”

  1. Sí, pero no.
    Efectivamente el ser humano ha de tener su marmol y su guia, su infalible mañana y su poeta. Sí, los versos hacen referencia a cada español, yo lo he querido elevar un poco más. Ahora bien, creo que cada a día tiene su afán y más aún cada día dependiendo de cada época de la vida y de su contexto.
    Puedo estar contigo si a lo que te refieres es que existen grandes y comunes objetivos para que una persona se levante todos los días.Pero no estoy en que sea uno exclusivamente. No va con la propia esencia de las personas porque el ser humano es complejo y evoluciona un poquito. Mírate tú, si antes te movia estar en soledad, en pocos días has pasado a no vivir la soledad sino a lograr ese extraño oximorón de la soledad acompañada.
    De pequeños nos mueve una tarde de juego o un juguete o una fiesta de cumpleaños. De joven puede ser lograr una cita con el primer amor o ser popular o terminar los estudios; para luego lograr un trabajo que te guste o lograr emanciparte o una casa propia. De mayor, los hijos o ascender en el trabajo o reconocimiento o lucha por una enfermedad, por una causa, o una vejez digna…
    Luego, puede haber un ikigai prácticamente todos los días y cuanto más “emprendedor y dinámico” se es, más aún. Y ya ni te cuento cuando está en medio ser español y su reconocida improvisación, todos esos consejos que apuntas , te los puedes guardar en el bolsillo , no se cumplen porque vendrá el “tonto” de turno que te joda el día.

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    1. El ikigai es una suma de cosas. En el caso de un agricultor o pescador ese será su mayor ikiagi, lo que seguirá haciendo hasta que pueda, pero luego hay pequeños momentos, placeres fugaces, es una mezcla de todo. En el libro “Ikigai esencial” de Ken Mogi donde se basa el post, se cuentan casos muy paradigmáticos, que yo no he reproducido.

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