Billie Holiday (morir cantando)

“Nunca herí a nadie salvo a mí misma, y eso sólo es asunto mío y de nadie más”.

“Siempre quise a esta niña, desde el momento en que supe que estaba embarazada, del desgraciado de Clarence. A él sólo le interesaba la música, andar por los tugurios de mala muerte, tocando, bebiendo y yendo con mujerzuelas. Yo apenas tenía 12 años cuando nos conocimos, y por unos días me dejé deslumbrar por él, pero pronto me dí cuenta que era otro más. Yo fregaba suelos mientras él se iba todas las noches a tocar, y no volvía hasta la mañana siguiente, apestando a alcohol. Que se podía esperar de un chico que apenas tenía 15 años. Cuando le dije que estaba embarazada, lo primero que me preguntó es si era suyo, le dí una bofetada y lo eché de casa. Ya no volví a verlo hasta que estuve en el hospital dando a luz. El muy sin verguenza no se preocupó de la niña y de mí, y tuve que limpiar el hospital para pagar la estancia. No quiero a alguien así en mi vida, y mi hija y yo somos las únicas que nos tenemos en el mundo…” Así empezó su vida, la cantante más grande de la historia del jazz.

De esta canción ya puse otra versión en otro post. Precisamente Billie no tuvo una vida nada fácil. Creció en una familia, que ahora llamaríamos disfuncional, de la comunidad afroamericana de principios de siglo.

Pero en su caso sufrió otra discrimación añadida por ser mujer, y los incipientes movimientos feministas, no cubrían a las mujeres de color. Según cuenta su biografía con 10 años fue violada, e internada en un colegio católico. Y a partir de ahí su vida fue una constante lucha por sobrevivir, ya que a las 2 años de entrar en el colegio se fugó del internado con una amiga. Su primera adolescencia estuvo llena de desarraigo, desamparo, y dolor, y con la edad a la que su madre dio a luz, ella ya le ayudaba en trabajos domésticos, y ejercía la prostitución.

Con 16 años aproximadamente empieza a cantar en clubs de jazz, donde va empezando a ser reconocida y se traslada a Harlem, donde comienza a trabajar con Benny Goodman. La grabación de arriba es de esa primera época. Su despegue como cantante se produjo entre los años 1937 y 1940, donde empezó a trabajar en los mejores clubs de Nueva York.

Su registro vocal era limitado, y como muchas grandes figuras del jazz no sabía leer música, pero compensó sus carencias con un sentido rítmico impecable, una expresión sutil, y una gran calidez emocional. Cualquiera que escuchara una canción cantada por ella decía “yo he vivido una historia como la de esa canción”.

Aparte de por su calidad como intérprete, Billie está en este blog porque fue una alma torturada y golpeada por la vida, casi desde su nacimiento. Adicta a la marihuana, heroína, y atiborrada de alcohol (que raro en este blog verdad).

A pesar de su fama, su vida sentimental fue un completo desastre lleno de relaciones destructivas, y al igual que Chet Baker, fue arrestada por posesión de drogas, y se le prohibió cantar en clubs por ello.

Los últimos años de su vida los pasó entre líos judiciales, temas de drogas, alcohol y enfermedad, e imposibilitada para trabajar en clubs. Todo en ella era sentimiento desgarrado, apego la vida, por muy jodidamente que ésta la trató.

Me tienen encerrada en casa por mandato judicial. No tengo suficiente con vivir en esta vida que es una condena para mí, y ni tan siquiera puedo salir a comprar cigarrillos. Se me ha terminado la última botella de wisky que tenía escondida, los jodidos médicos me tienen prohibido beber, que les jodan…Subiré a mi habitación a tomarme mi última copa y fumarme un cigarro, puede que el último también”

El 17 de julio de 1959 murió la voz más desgarrada y personal del jazz, la que junto a Ella Fitzgerald y Sara Vaughan, reinaría eternamente en esta música del siglo XX. Tan sólo tenía 44 años, y la muerte tatuada en su pecho desde el día en el que nació en un miserable cuartucho de una adolescente afroamericana. Su vida fue una interminable tormenta interior. (dejo un pequeño documental sobre su vida en VOS, imprescindible)

“Me han dicho que nadie canta la palabra hambre como yo. Ni la palabra amor. Tal vez yo recuerde lo que quieren decir esas palabras. Ni todos los Cadillac y visones del mundo -y he tenido unos cuantos- pueden lograr que las olvide.“ – Billie Holliday

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