Estío (el verano de nuestra vida)

Las Infantas (Jaén) 2018

Este post era inevitable. En el palacio de mi memoria (y creo que en el de todo el mundo), el verano es un protagonista fundamental, casi como un personaje. Raro es el niño al que no le encante el verano, pero con los años, al menos en mi caso, va perdiendo la importancia que tenía, por todo aquello que representaba como niños, vacaciones, baños, viajes, fiestas, siestas, etc. Perdonad que sea tan obvio a veces, y sobre todo porque el verano que yo voy a retratar es el que habita en mi memoria, y en parte del colectivo sentimental de una generación, y quizás no guste del todo. Pero voy a intentar cubrir el mayor arco posible. Decir por último, que no creo que sea la estación más propicia para los solitarios, decididamente no lo es. La foto es un homenaje a mi tierra, soy de interior y eso es lo que vivimos desde que nacemos, las playas se instalaron en nuestros recuerdos con algo más de edad.

Voy a ofrecer una variedad de música desde lo más serio a lo más informal. Hector Berliotz compuso un ciclo de canciones en 1841 tituladas “Les nuits d’eté “(Las noches de verano), pero no voy a poner nada porque son un coñazo (in my opinion). Paso a lo más obvio y conocido.

De las cuatro estaciones no es la más escuchada, pero tenemos que empezar por algún sitio.

Esto era la esencia del verano en nuestro país en los 80 (un clásico eterno).

Yo tenía 9 años cuando se estrenó, y está en el palacio de mi memoria por derecho propio. Para quien no conozca Nerja, es una maravilla en la costa del sol, y sigue manteniendo un poco ese aire. Dejo un enlace que se emitió en Canal Sur en 2012, en el programa 75 minutos sobre la herencia que dejó esa serie en el municipio.

Estío – Helena Lebrato

La vida en los pueblos en verano era la parte más intensa y hermosa. Vivíamos en la calle casi todo el día, con muchísimas horas de sol, piscinas, terrazas, meriendas con melón, sandía, cerezas. También fue en un verano cuando acudí a mi primer concierto, en un pueblo cerca del mío (de cuyo nombre no quiero acordarme). Con una novieta y unos amigos, y con un grupo que, para mí, grabó un directo de los mejores que se han hecho en España (luego se echaron a perder).

Me recuerda las cientos de fiestas que recorrimos en decenas de veranos, la letra es una oda a lo que se vivió y se perderá para siempre. Sí, tengo corazoncito, desgastado y jodido, pero ahí está, enterrado bajo un océano de soledad. Os dejo otra maravilla en directo, con el extraordinario Javier Ojeda, yo tenía entonces 15 años.

Otra parte inolvidable del verano, y en los pueblos, era el cine de verano. Para un esmirriado pueblo de apenas 3.000 habitantes, teníamos cine de verano y cine de invierno. Aquí dejo una maravilla intemporal de lo que suponía los cines en los pueblos.

Es otro país y otra época, pero vivíamos el cine con auténtica pasión, como única vía de escape y vehículo de nuestra imaginación. Quien no haya llorado con esta película es que no es humano. Reconozco que me estoy poniendo muy sentimental en mi vuelta, pero eso era para mí el verano.

Y llegó también esa época. En mi pueblo, aparte del cine, no había ni museos, ni biblioteca, ni asociaciones culturales….Pero bares había la hostia, y claro nos metimos de lleno en el club. Entre los 19 y los veintitantos pasé varios veranos que sólo recuerdo algunas cosas, no todas la verdad. En otro post os comenté una anécdota que tuvimos (bueno tuve) con Enrique Urquijo, cantante de los Secretos, antes de que el Dios de la heroína lo llamara a su gloria. Hoy toca…

Habíamos ido un verano a una fiesta de un pueblo cercano al nuestro (no el anterior, otro). Y esa noche habían tocado en las fiestas, en honor de Santa Ana (pista) Los Secretos, todavía con Enrique Urquijo (falleció en 1999). Eramos el grupo salvaje, con más copas encima que Rafa Nadal en Roland Garros, no habíamos ido al concierto porque no nos gustaba el rollo de los Secretos, pero ya de madrugada, estando en la caseta municipal, al ir a pedir una copa me cruzo con un tipo bajito, esmirriado y con poco pelo. Soy bastante buen fisónomo, y me di cuenta que era Enrique Urquijo, estaba muy desmejorado, y estaba sólo y un poco aturdidillo. Me fui corriendo a mi grupo de amigos, y le comenté lo que ví. Para poneros en antecedentes, de todo el grupo yo era de estatura media (1,82 y más de 100 kilos), pero había otros dos amigos míos que llegaban casi al 1,90 y pesarían más de 120 kilos cada uno. Nos fuimos en tromba y lo pescamos, uno de ellos lo agarró por el cuello y nos lo llevamos a la barra, y estuvimos torturando al pobre durante más de una hora, entre copas, empellones, etc. Al final a mí me dio pena, y cargo de conciencia, porque yo había “levantado la liebre”, y me lo llevé fuera de allí, y el pobre ya iba más muerto que vivo. Recuerdo que cuando oí la noticia de su fallecimiento, años después, recordé aquella infame noche. Perdóname Enrique, pero la juventud, las copas, y el verano es lo que tiene.

Algo así eramos

Luego ya dejé el alcohol (bueno mi estómago me conveció), y me pasé al lado alternativo del verano. Un regalo vintage, que a alguien le sonará (a mí me recuerda al verano), es una versión actual de la música de la película de 1967, donde aparecía un Seat 600, en el que viajábamos en verano (yo era muy niño entonces).

Pasados esos años, llegaron los primeros viajes en solitario, con amigos. Fiestas fuera de nuestra provincia, ligues, noches eternas, amaneceres en la playa, ya con otro estilo, la verdad.

Málaga, Torre del Mar, Benálmadena, Marbella, Estepona, Caleta de Vélez, Nerja, Tarifa, Torrevieja, Guardamar del Segura….Y siempre en coche.

Todos hemos tenido un verano que nos ha marcado. Un viaje, una chica, una noche inolvidable, un baño desnudos a la luz de la luna, un amanecer cubiertos con la arena. El mío fue Guardamar del Segura en el año 2000, ahí fue donde conocí a Esther. Todo se me quedó grabado en el alma para siempre, y la banda sonora la puso…

Sé que me he repetido, pero así es como pasó.

Tiempo de vida – Miquel Barceló

Un año antes, 1999, otra chica me había robado mi enamoradizo corazón, se llamaba Oria, y me enseñó a mirar la pintura. También fue en Guardamar del Segura. Pero fue efímero como la nieve de primavera. (Oria si alguna vez me lees, que sepas que estuve muy colgado por tí).

A pesar de ser de interior, reconozco que el mar ocupa una parte de mi vida muy importante. A día de hoy es de los pocos sitios en los que me relajo, bajar a la playa al terminar la tarde, cuando todo el mundo se ha ido, o de noche. Es de los pocos placeres que todavía me quedan, y Estepona ocupa un rincón especial en mi vida.

Una hermosa, e ibicenca, versión del clásico de Chris Rea.

Y una estupenda versión hipster, con la maravillosa Helena Miquel.

Ese ha sido todo el bagaje que el verano ha llenado en mi vida. Los veranos ya para mí nunca van a ser igual, de hecho el verano pasado fue uno de los peores, fue cuando la depresión llamó a mi puerta por primera vez. El resto de los que quedan, están por escribirse, mis hijos desempeñarán un papel fundamental, y quizá algún día pueda viajar lejos…

“…crucemos una puerta más / aquella que nos lleve / a un lugar donde el pasado no nos duela….”.

Y ya voy terminando, y los estupendos Danza Invisible de mi época, lo hacían muchísimo mejor que yo.

Dedicado a Amalia, Cristina, Lourdes, Mamen, Oria, Pili y sobre todo a tí, ESTHER.

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