Creep (la insoportable levedad de ser “yo”)

No he conocido a nadie en toda mi vida que no arrastre algún trauma. Yo no soy la excepción. Voy a abrir una puerta de mi alma tapiada por fuera hasta ahora, pero quiero decir con un enorme respeto, que probablemente mi trauma no sea más que un simple charquito comparado con el océano de dolor que tienen que soportar otras personas, que han sufrido horribles traumas en su vida. Yo he conocido a alguna de esas personas, ahogadas en vida en su propio dolor infinito. Pero para cada uno de nosotros, nuestros pequeños traumas son los más dolorosos, los que arrastramos toda la vida como la concha de un caracol.

De niño siempre fui muy introvertido y sensible, nunca he sabido muy bien cual era la causa. Me gustaba jugar sólo e inventaba historias con mis muñecos. Siempre rehuía el contacto con otros niños. Tan sólo el crecer junto a mi hermano, un año menor que yo, cuyo carácter era la extroversión personificada, me hizo no perder el contacto con la realidad. Me pegué a él y, siendo yo el mayor, era su protegido. Todo el mundo quería a mi hermano (y lo siguen queriendo), es un tipo extraordinario.

Pero yo crecí en un pequeño pueblo, cuando la televisión se veía en blanco y negro, había dos cadenas, y el dictador todavía estaba entre nosotros. La vida en los pueblos no era fácil, ni tan siquiera sana (mi pueblo está situado en una zona llamada el triángulo de los suicidios, no es ninguna historia inventada por Cuarto Milenio, es real desgraciadamente). La lectura y el cine llenaron mi vida de color, y abrieron la puerta a nuevos mundos, que para mí eran más auténticos que mi propia vida.

Pero no crecí privado de amor, al contrario, crecí entre mujeres (madre, abuelas, tías, primas), querido y respetado, pero yo había puesto una barrera invisible e insalvable entre el mundo y yo, donde únicamente me sentía a salvo. Mi pequeño gueto del que yo era el único habitante.

Evidentemente, era yo el que se alejaba del mundo, no al contrario. Pero todo empeoró al iniciar el colegio. Yo era un niño rellenito (siempre lo he sido), y las burlas y escarnios estaban a la orden del día, cuando todavía no se había inventado ni tan siquiera la palabra bullying. Era una infierno la hora de la clase de gimnasia, o salir a la calle a jugar con otros niños a actividades físicas, o ir a la piscina, esta historia es tan común la verdad, que ni conmueve.

Recuerdo el único campamento de verano al que fui, en el que otro niño me llamó “patas de vaca”. Han pasado más de 35 años, y lo sigo recordando como si hubiera sido ayer. Desgraciadamente la comida ha sido el refugio de mis frustraciones, y miedos durante toda mi vida, lo que ha hecho que el problema no desapareciera. Todavía hoy me cuesta mirarme al espejo, y en los momentos de mi vida en que he estado con mayor sobrepeso, me horrorizaba que mi pareja me tocase, me hacía sentirme mal físicamente.

Pero como en aquella película de Aki Kaurismaki, las “nubes pasajeras” pasaron por mi vida sin que llegara a romperse el timón del todo. El amor recibido de mi familia ejerció de contrapeso en ese trauma infantil, y mi personalidad, quebradiza y frágil, consiguió arrinconar esa parte de mi vida, que todavía sigue ahí…

“…quebré el timón no sé seguir…”

…escondida tras la puerta que no deseo volver a abrir…

Thom Yorke escribió “Creep” en su época universitaria (otra época para olvidar), por una chica que no le hizo demasiado caso (tampoco me ha pasado nada de esto, la verdad). Llegó a hacerse tan famosa que Radiohead renegó de ella, ya que para su filosofía de grupo era demasiado comercial. A mí me llego al alma desde la primera vez que la oí.

Cuando estuviste aquí antes,
yo no pude mirarte a los ojos.
Eres como un ángel,
tu piel me hace llorar. Flotas como una pluma
en un mundo hermoso,
desearía ser especial,
tú eres tan especial. Pero yo soy un gusano, 
soy un bicho raro,
¿qué demonios estoy haciendo aquí?
No pertenezco a este lugar.

Haciendo el servicio militar en Madrid, vi este trailer sobre una película coreana, se me puso la piel de gallina, fue en un cine del circuito de versión original en la zona de Argüelles. No recuerdo ni el cine, ni la película que fui a ver, pero joder 25 años después todavía me acuerdo del tráiler.

Lo que tiene de especial esta canción es que pone letra a lo que he sentido durante muchas épocas de mi vida, yo y seguro que otros cuantos millones de humanos. Que somos insignificantes, invisibles, tan repugnantes como un gusano o un bicho raro, pero que anhelamos llegar a ser perfectos…Sinceramente a veces las canciones es mejor escucharlas y no analizarlas.

“El trauma no lo provoca la muerte, sino la vida. Uno puede morir sin saberlo. El nacimiento implica el trauma de la comprensión.” Richard Matheson

(Gracias CréateconArte, Hombre Superfluo, evangelinaypunto, elloboestaqui, laslagrimasdeotromundo y K. de Trop por vosotros no me siento un bicho raro)

4 Replies to “Creep (la insoportable levedad de ser “yo”)”

  1. ¿Eres una ersona observadora? Yo sí y más por deformación profesional quepor otras cuestiones. Me suelo autodescubrir en cualquier espacio o lugar público analizando a la gente, de cualquier condición. Y si hago referencia a algo que mencionas:parejas, suelen ser mis preferidas, dan mucho juego.

    No he hehco ningún estudio pormenorizado,pero te aseguro que existe una gran mayoría de ellas que son de lo más variopinto. Es muy poco usual que sean semejantes. Ellos altísimos y ellas bajias. Ellas espectaculares y ellos más bien desagradables de aspecto. Ellas serias y ellos elocuentes y arrolladores de simpatía,… y podría seguir con parejas de disimilares características.

    Has aprendido aspectos vitales, según cuentas, con una mala base:la ficción y eso puede porvocarte seguir viviendo en la ficción y sin haber bajado a la realidad de la vida. Es cierto que las narraciones, cuentos, leyendas, textos religiosos,… nos has servido para comprender el mundo cuando somos pequeños, pero cuando se llega al periodo de la adolescencia, comienza a caerse esa especie de velo protector y pareciera que no te haya ocurrido eso.

    Esas experiencias traumáticas no son tan aisladas, lo extraño es que no vayan desapereciendo llegado el momento de analizarlas y cmprenderlas como tú bien relatas en este post. No se entiende que no lo asumas y que parece que digas que persiste cuando por tu edad y tu análisis es algo que ya tendría que estar en lo más profundo de tu cajón de olvidos y superaciones.

    Sí es cierto que hay quienes ven en aprovecharse de esto un medio para logar lo que no consiguieron antes: el reconocimientod e los demás. Es un juego burdo de manipulación. Pero no es algo que se determine desde donde estoy.

    HAs recibido y valoras el amor de mujeres para pasar casi a herirlas y no saber amarlas, difícil de entender???

    ¿No ha habido nadie en tu vida que de forma incondicional le gustes por encima de aspecto físico? ¿NO has conocido a nadie con un físico espectacular que te quisiera por ti,hasta con tus defectos?

    ¿Has visto la película Notting Hill? Bueno quizá seas poco proclive a este tipo de películas. Pues intenta buscar la escena, a alguien como tu le será fácil localizarla. Es cuando la protagonista(actriz conocida) cena con la familia de él (librero) y se sortea un brownie. Todos van haciendo gala de sus problemas para ver quien es más merecedor, A la chica que se supone una mujer de gran belleza, aspecto físico y éxito no le dan opción pero ella insiste. Hace relación de sus males, y todos guardan un sepulcral silencio y tran una especie de silencio extraño, se ríen negando la verosimilitud de lo que dice.

    Moraleja: hasta los más grandes genios viven su particular trauma. Nadie es más o menos que nadie, todo depende de las armas con las qu contamo o adquirimos para saber vivir.

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  2. Y como dice el final de una película que tú conoces: Nadie es perfecto.

    No quiero ser perfecto sino quererme como soy, con virtudes y defectos, como todos somos mezcla.

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