El silencio entre nosotros

Este post va dedicado a tí Esther, allí donde te halles.

“Puede pasar de todo, verdad, cualquier cosa. Puedes amar tanto a una persona, que tan sólo el miedo a perderla haga que lo jodas todo, y acabes perdiéndola”. Lamentablemente mi vida ha estado llena de pérdidas, y puedo decir, y no con orgullo precisamente, que he sido yo el responsable de casi todas, incluida la de la persona que más dentro de mi alma ha estado, pero también la perdí yo. No merezco lamentarme pues. Siento que este post va a ser el más triste y oscuro.

Toda una declaración de intenciones

La frase del principio no es mía, es de la estupenda película “Cosas que nunca te dije”, y en la que se cuentan cosas muy dolorosas y universales. Es una película donde uno de los protagonistas principales es el silencio. La banda sonora apenas tiene un par de temas musicales, y en el silencio de habitaciones solitarias sólo se escucha el ruido de un tren lejano, y se puede oir también el corazón dolorido de unos personajes frágiles hasta el límite de la cordura.

ANN

Ann, la estupenda Lili Taylor. Una persona que reconoce “aún no sé que hacer con mi vida”. Perdida en un pueblo perdido de Norteamerica, en un trabajo gris y pequeño, con una vida donde no entra un sólo rayo de esperanza. Pero oigamos que siente ella.

DON

Don Henderson, el extraordinario y poco reconocido Andrew McCarthy. Un estudiante de matemáticas, extraordinariamente sensible, tierno, y profundamente perdido en un océano de silencio, se dedica a vender casas para su padre. Es el personaje más frágil y más auténtico de la película.

Como ellos dicen y piensan, yo también he creído en un final feliz para mi vida, que las cosas iban a acabar bien, ahora ya no lo creo. La felicidad es interesante y horrible, y también es injusta. Cuando somos, o nos sentimos felices, no nos damos cuenta de ello de verdad, y deberíamos vivir la felicidad intensamente, y también tendríamos que poder guardarla para aquellos momentos en que nos haga falta, pudieramos coger un poco. Todo eso se dice en esta película tan jodidamente actual y hermosa.

“¿Alguien que es incapaz de ayudarse a sí mismo puede ayudar a los demás? ¿Alguien que quiere darse vacaciones de sí mismo, puede darle motivos a los demás para seguir viviendo?”. Esto es lo que se pregunta el personaje de Don, sobre su trabajo en el teléfono de la esperanza. Y a la pregunta que le hace Ann cuando hablan a través de dicho teléfono, sobre porque hace lo de ayudar a los demás con sus problemas, él contesta…

Todos estos sentimientos son universales, no descubre nada la película, aquí al hacer protagonista al silencio, apagando todo el ruido ambiente, se escucha con más fuerza, la desazón, el dolor por la pérdida, la desesperanza y la soledad más jodida, no la buscada, de todos los personajes. El padre de Don es un hombre mayor, con su esposa enferma, que va por la vida pidiendo abrazos a todo el mundo. ¡Qué jodido mundo es este en el que tenemos que pedir que nos abracen!!!

“Hay más lágrimas derramadas por las plegarias atendidas, que por las no atendidas. Por eso hay que tener cuidado con lo que se pide”.

Lo más terrible de todo, es que estando tan jodidos, a veces, terminando utilizando y jodiendo a los que tenemos a nuestro alrededor, sin ser conscientes del daño que hacemos, o porque estamos tan inundados por el dolor que no somos capaces de medir lo que hacemos. En la película, Ann despechada por haber sido dejada, utiliza a Don para joder a su exnovio. Tampoco la culpo, todos hemos cambiado los roles en algún momento de nuestra vida, hemos pasado de ser los jodidos a hacerle mucho daño a los demás.

Las cosas que nunca te dije y ya no podré decirte, a tí que espero que me leas. Yo lo único que puedo decir con seguridad, es que he pasado toda mi vida pidiendo la soledad a gritos, sin ser consciente de ello, y ahora que la tengo, no pienso llorar por ella. En todo caso lloraré por aquel último tren que perdí, y que no volverá a pasar por mi vida.

4 Replies to “El silencio entre nosotros”

  1. ¡¡¡No me creo que creas en los cuentos!! Salvo que seas como muchos escritores que se fabrican una musa como elemento de la narración o como aliciente. ¿La Dulcinea de Quijote? ¿ La Lesbia de Catulo?¿La Cintia de Propercio?¿La Beatriz de Dante? ¿La Laura de Petrarca?o ¿La Milena de Kafka?
    La felicidad es el equilibrio, no la desazón de amor apasionado, el enamoramiento fatal o cosas por el estilo. La auténtica felicidad es esta con quien te acepta como eres y a la vez te recuerda lo que has dejado a una lado(vamos lo que tanto odias de Dos en la carretera)
    Lo que el ser humano no aprende es a sentirse bien en los días vulgares y seguimos siendo idiotas queriendo recuperar lo que fue. A quien nombras ya no existe, fue. y seguramente si hubieras estado con ella más tiempo, se hubiera convertido en lo que denigras, luego deja de dolerte y sé feliz sabiendo que fue lo mejor, que te queda lo mejor. Y sigue viviendo con quien te acepta. Que hasta puede que haya quien se ofrezca y la hayas abandonado por un recuerdo que ya no va a volver NUNCA.
    ROTUNDAMENTE SÍ, ALGUIEN QUE ESTÁ MAL PUEDE AYUDAR A OTROS. Porque todos estamos mal y si algo ocurre que supera lo que consideramos imposible, nos volcamos si estamos cerca. Seguro que hasta tú lo haces a veces.
    Pues no sigas haciendo lo que aquí calificas como negativo. Si tienes algo que corregir, ¿a qué estás esperando?
    Y lo harían contigo si te dejas, sólo si te dejas

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    1. Amigo tus palabras denotan una experiencia vital más corta que la mía, (eso no quiere decir menos intensa). No creo en cuentos, creo en que pueden existir las dos personas más compatibles del mundo, que llegan a conocerse, y como sus dos trayectorias vitales no “cuadren”, como no sea el momento adecuado, eso no irá a ningún sitio. Si no lo has vivido no puedes entenderlo. Esa musa a la que te refieres no es tal, es una persona real, que tanto su vida como la mía, nunca han estado ni estarán en sintonía. Y la última vez le hice tanto daño, que ya ni merece la pena intentar nada, porque sería aumentar ese daño, hay distancias que son insalvables, y eso no te lo cuentan en los cuentos de hadas. Quien lo haya vivido de veras te lo confirmará. Gracias de corazón, por cada segundo que dedicas de tu tiempo a este insignificante blog.

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