Chet Baker (la larga noche hacia la autodestrucción)

Sábado, 21 de mayo de 1988, Inglewood, California, un grupito heterodoxo de treinta y cinco personas se arremolinaba alrededor de un féretro en el cementerio de Inglewood Park, un barrio residencial para negros en las afueras de los Ángeles. Una semana antes había muerto el músico con “el lamento más hermoso del siglo XX”.

El fotógrafo Bruce Webber, que había pagado el entierro, se había fascinado con su figura, y realizó uno de los más grandes documentales sobre un músico titulado Let´s Get Lost.

Aquí el documental completo para quien quiera disfrutarlo

De la figura de Chet habían dicho las críticas de cine “cadaver que canta”, “cabra marchita”, “reliquia demacrada, desdentada y balbuceante, al borde la muerte cerebral”, “heroinómano indigno de confianza que se hace el tonto”, “chupasangre”, “espectro estragado por las drogas”…Pero Chet también había sido esto.

Mujeriego, yonqui errante, y amante de los coches caros. Siempre estuvo rodeado de leyendas, pero una fue muy real, aquella en la que le arrancaron todos los dientes uno a uno por un ajuste de cuentas y sobre lo que nunca contó la verdad. Pasó más de 6 meses sin poder coger la trompeta, y supuso la mayor grieta en su carrera, llena ya de claroscuros, y tras tener que volver a empezar desde cero a tocar la trompeta, con una dentadura nueva, tras tres años Dizzie Gillispie lo rescató para volver a tocar en Nueva York. Esta actuación es de Tokyo.

Era evidente el deterioro físico al que había llegado, y Bruce Webber podría haber retratado esa sordidez, pero comentó cuando le preguntaron por su película “Suelen preguntarme donde está la belleza y yo nunca sé muy bien qué responder. Yo siempre veo belleza a mi alrededor, quizá ese sea mi don. Hace años Larry Clark, el director de la maravillosa Kids, me dijo algo que nunca he olvidado, que él nunca se permitía reírse de nadie. Me gustó esa idea y desde entonces la hice mía. No sé qué es la belleza, sé qué es el respeto”

La idea que flotaba entre muchos de los que acudieron a su entierro aquel día era que “se diga lo que diga, Chettie tenía tanto talento y era tan mágico que lo que te daba ya no te lo podía quitar nunca”

Pero alguien también dijo sobre él “Chet puede hacer daño a la gente incluso después de muerto”.

Para más información sobre este “imperfectísimo genio intemporal”.

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